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Por: David Martínez

No hay otro pasaje que me ponga de pie como el de Apocalipsis 5:6

“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado…” (RVR1960)

Aclaremos un poco más el texto con una versión moderna

“Entonces vi un Cordero cerca del trono. En el cuerpo llevaba las marcas de haber sido sacrificado. Estaba de pie…” (TLA)

La narrativa nos ubica en un escenario celestial, Juan esperaba ansioso la apertura del libro que está en la mano derecha del que está sentado en el trono (Apo. 5:1) para tristeza de Juan, no hay nadie ni el cielo ni en la tierra que sea digno de tomar el libro y romper sus sellos. Mientras Juan llora desconsolado, uno de lo ancianos le inyecta esperanza informándole que el Leon de la tribu de Judá ha vencido y es el único digno de abrir el libro. Juan mira al centro del trono y para su sorpresa no hay un leon sino un cordero con huellas de tortura.

Apocalipsis es sin duda el libro de la esperanza, esperanza para una iglesia que sufre la persecución y el martirio. Sin embargo, el mayor sufrimiento de la Iglesia son aquellas preguntas que Dios aparentemente no responde. Son esos vacíos de la vida donde se hace agudo el “silencio de Dios” ¿Donde está Dios cuando su iglesia muere a manos de los impíos? ¿No quedará la muerte de su Iglesia en el vacío y en el olvido? ¿Acaso no será mejor rendirnos ante esta cruda situación?

Es aquí donde Juan recibe la “Revelación”, sus ojos se abren una dimensión espiritual más allá de lo que estamos acostumbrados a ver. Su iglesia, su pueblo, puede identificarse en el cordero sacrificado. El vencedor no es aquel cuyo camino está rodeado de rosas, terciopelo y algodón, el camino del vencedor lleva en su cuerpo las marcas del sacrificio, de la lucha, del dolor. He aquí el significado del cordero, ha sido sacrificado, ha sido inmolado, ha sido degollado, su cuerpo muestra las marcas del dolor pero saben que…¡EL CORDERO ESTÁ DE PIE! ¡EL CORDERO HA VENCIDO! La muerte no tiene más poder, el caos no reina más, porque el Cordero está de pie.

Así que su iglesia debe ponerse de pie, debe levantarse y ponerse firme porque si el cordero está de pie, su iglesia tiene fortaleza para permanecer de pie con él, la Iglesia no se doblega, sino que vence y avanza.

Pablo lo sabía y lo expresó así: “¿Quién podrá separarnos del amor de Jesucristo? Nada ni nadie. Ni los problemas, ni los sufrimientos, ni las dificultades. Tampoco podrán hacerlo el hambre ni el frío, ni los peligros ni la muerte…En medio de todos nuestros problemas, estamos seguros de que Jesucristo, quien nos amó, nos dará la victoria total.”

Romanos 8:35-37 TLA

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